martes, 27 de abril de 2021

El reloj de arena

 

La vida es como un reloj de arena, un reloj de arena cubierto.

Nadie sabe cuánta arena hay en el reloj. 
Nadie sabe cuándo está a punto de terminar; bueno, de vez en cuando alguien puede echar un ojo al reloj y sabe que el final se acerca. Se debe apresurar a hacer las cosas que tenía pendientes, si es que puede hacerlo claro está. En el mejor de los casos se podrá despedir de todos, dejar en claro sus asuntos pendientes.
Pero la gran parte de ocasiones, el reloj solo termina su ciclo, se queda sin arena, sin avisar, sin dar tiempo a nada, solo se fue.
En cuestión de instantes.
No te puedes despedir, no te puedes resarcir.
Simplemente se fue, no hay segundas partes, no hay vuelta al reloj. Ya no está.
Atrás queda tristeza y dolor.
Desgracia.
Te convertirás de todo a nada.
Solo tu recuerdo perdurará el tiempo que tus recuerdos logren mantenerse en aquellos que te llevan presente.
Allí empieza otro reloj de arena, cuando aquel termine, allí ya no habrá dolor por tu partida.

Todos sabemos cuándo inicia la cuenta.
Pocos saben cuándo termina la historia.



No te llevas nada, ni lo material, ni lo vivido.