Como dos niños, veíamos la vida pasar en medio de sonrisas, alegría, besos, sin preocupaciones, solo pensando el uno en el otro.
Fue en una tarde de Abril, mientras veía la lluvia caer sentado frente a mi ventana, revolvía mi memoria recordando aquellas historias que pasaron en mi vida, cuando recordé su nombre...Elena.
Todo empezó cuando estaba entrando a mi pubertad, hace muchos años ya, mi familia solía organizar los viajes de verano, para esto contrataban un bus y toda la familia organizaba el viaje a la playa, entonces se imaginarán que en aquel viaje íbamos con mis primos, mis tíos, mis abuelitos, etc etc.
Siempre preferimos una playa no tan aglomerada por los viajeros veraniegos, de esta manera, solíamos ir a la playa de Súa, ubicada al sur de Atacames. Esta playa es tranquila en general, el oleaje no es muy fuerte debido a que es un tanto escondida, el pueblo es pequeño, y existen unas 4 o 5 cabañas rumberas en el malecón de la playa, a un lado del pueblo se forma una ensenada de un río que desemboca al mar, es un pequeño río pero ideal para nadar con tranquilidad.
Solíamos hospedarnos en un pequeño hotel ubicado frente al mar, la señora dueña nos ofrecía un buen precio por ser grupo grande y siempre nos trataban bien. Ella tenía una hija, cabello rizado, piel color canela, típico bronceado de la gente que vive en la playa, de mi misma edad....ella era Elena.
Recuerdo que el primer año, al verla por primera vez me quedé hechizado por sus ojos preciosos y su sonrisa; en aquel tiempo y debido a mi edad era muy tímido y me limité a mirarla desde lejos, verla como nos servía el desayuno en el comedor era lo mejor del día. Solíamos ir por tres días a la playa desde el viernes, la despedida aquel domingo me dejo un vacío inexplicable.
El siguiente verano llegamos en medio de una ligera lluvia, como siempre la señora nos recibió sonriente y con la calidez de la gente costeña, una vez escogidas las habitaciones bajamos al desayuno, solo deseaba verla de nuevo, y al fin apareció, con esa sonrisa que enamoraba, ya éramos más "grandes", yo más "hombre" ella más "mujer"...........la miré, me miró, me sonrió, me acholé.......
Aquella noche salimos a las cabañas a bailar, y entre la gente, la ví a ella, mas hermosa que nunca, con sus amigas, yo típico serrano de mi edad, callado solo la veía al disimulo....estaba a punto de retirarme al hotel cuando me tomaron de la mano...era ella
-bailamos??
-ee mm si si claro por supuesto, dije tartamudeando
- cómo te llamas?
- me llamo Vinicio y tu??, como si no supiera su nombre ya,
- me llamo Elena, pero puedes decirme Helen
- que bonito nombre, al igual que tú......ella me sonrió, me tomó de la mano y fuimos a la playa, caminamos cerca al mar en aquella madrugada, siempre fui callado, pero no sé que poder tenía ella que pudimos conversar toda la noche, acerca de ella, acerca de mi, de cosas de adolescentes....ella me miraba a los ojos, miraba mis labios cuando le decía algo, al parecer nos gustábamos.
Se acercaba el amanecer y nos sentamos en la arena, la brisa del mar acariciaba su rostro y cerró sus ojos para sentir aquella brisa mientras sus brazos abrazaban sus piernas, no pude contenerme, me acerqué y le robé un beso y me volví a sentar...ella abrió sus ojos, no se sorprendió, nos miramos, me sonrió y se acercó lentamente....nunca ví un amanecer en el mar tan hermoso como el de aquella mañana.
A partir de ese momento pasaba el tiempo con ella, nos reíamos, nos besábamos e íbamos tomados de la mano, así simplemente enamorados.
Desde entonces, esperaba con ansías cada verano para verla de nuevo, y cada verano se ponía más hermosa, me llevó a sus lugares favoritos, conocí su sitio favorito en el río, oculto para cualquiera, fuimos a la cueva del amor, el mirador de Súa y el paso hacia Atacames......yo la quería con todo mi corazón y al parecer ella también me quería, el corazón en la arena con nuestros nombres así lo indicaban....
El último verano, yo tenía 17 años ya, organizamos el viaje al igual que todos los años, la expectativa creció enormemente en mi, me sentía nervioso, me sentía feliz, aquella sensación indescriptible que sientes en el estómago cuando vas a ver a alguien que te gusta mucho....y no era para menos, ese verano iba a pedirle que sea mi novia, yo sentía que ella era la mujer con la que quería pasar el resto de mi vida, era ella la indicada....
Llegamos a Súa en la mañana, el pueblo estaba vacío y solo se veía en la playa un grupo de pescadores que llegaban con la pesca de la noche. Yo emocionado por sentirme cerca a ella.
El hotel estaba cerrado, y fue algo raro pues siempre sabía estar abierto, golpeamos la puerta y salió la señora, la mamá de la Elena; nos recibió con una sonrisa fingida, no pudo ocultar la tristeza en su rostro, quiso seguir hablando pero no pudo contener el llanto.....en medio de lágrimas nos contó su tragedia. Mientras ella relataba lo sucedido sentí como mi corazón era oprimido, un dolor profundo recorrió mi cuerpo y no pude evitar llorar......
Fue en el último invierno, un crudo invierno, hubo un rebrote de dengue en la costa, y varias personas del pueblo se contagiaron debido a la ensenada que había cerca de allí; Elena cayó en un estado delicado una noche, estuvo mal durante dos días, los médicos ya nada pudieron hacer por ella y una noche su corazón dejó de palpitar para siempre.
Luego de dar nuestras condolencias a la señora, nos disponíamos a marcharnos, cuando escuché que me llamaba - joven Vinicio!!
Me acerqué a ella, me entregó una carta y se alejó.
Mi querido Vini,
Es posible que te tenga que dejar para siempre, solo quería que sepas que fuiste lo mejor que me pasó en la vida, no sabes como te extrañaba todo el año, solo esperando que llegue el verano para verte de nuevo, para poder besar tus labios y sentir aquellas mariposas en el estómago que solo contigo puedo sentir.
Hubiera querido tanto poder estar contigo mucho tiempo más, pero tal vez Dios tenga otros planes para mi....
Nunca olvides a esta señorita que te quiere con el corazón y hubiera deseado tanto poder ser tu novia para siempre, no solo por el verano, sino para toda la vida....
Te amo mucho,
tu Helen!
Debo confesar que siempre que veo el mar me acuerdo de ella, será por eso que desde aquella vez no he ido a la playa, duele recordar que ya no está, duele sentir aquella brisa de mar que sabe a sus labios, a sus caricias, duele ver amaneceres que me recuerden su mirada y su sonrisa, duele tanto seguirla amando y no tenerla.........
Cuánto te extraño.....



