Salimos rumbo al sur de la ciudad pasando Tambillo, Machachi, recorriendo la panamericana rumbo a Isinche un pueblito cerca de Pujilí.
Llegamos al redondel en donde hay el desvío a Latacunga y Pujilí, nos desviamos a la derecha rumbo a Pujilí y luego de pocos minutos llegamos a esta pequeña ciudad, la atravesamos por la calle principal y apenas salimos se pudo ver el desvío a Isinche que está a mano derecha (la verdad es difícil ver ese rótulo, me tuve que dar la vuelta).
Íbamos a una misa en el santuario del niño de Isinche, ya había escuchado algunas historias de aquel niño, sin embargo nunca me llamó la atención conocer dicho lugar.
Había mucha gente aquel primero de Enero y tuvimos que dejar el carro en una cancha que hacía las veces de parqueadero. "$2 dólares el parqueadero" escuché, metí mi mano en el bolsillo y le cancelé el valor del parqueadero al señor que me extendía la mano solicitando el pago.
Caminamos por la calle en donde se veían ventas ambulantes a cada lado, no había muchas personas aún, llegamos temprano al parecer, eran las 10:00 de la mañana aproximadamente.
De a poco la gente se multiplicaba al igual que las ventas
Luego de caminar por diez minutos llegamos a una entrada tipo hacienda, un muro resguardaba la propiedad, los vendedores de velas blancas, de colores, recuerdos del santuario, pequeños niños Jesús con un sombrero de pastoreo se vendían por doquier.
canchón para entrar
La entrada es por medio de unas gradas de piedra y el acceso tiene estilo colonial, al ingresar se observa una gran cancha (del quechua kancha que significa recinto cercado), al fondo van las edificaciones, a la izquierda una zona mas actual, al entro una casa campestre de adobe al parecer, a la derecha al fondo una pequeña iglesia y al lado derecho una casa tipo hacienda.
Entrada al recinto, aún se ve poca gente
Recinto del santuario, al fondo las edificaciones
Ingresamos y vi una fila que atravesaba por medio de la plazoleta, la misma empezaba en la casa pequeña de adobe, allí, según dijeron, se encuentra el niño de Isinche y la gente hace fila para poder verle y dejarle alguna que otra ofrenda.
De a poco la gente llenaba el lugar
Fila para ver al niño(izquierda), la pequeña iglesia en el centro y el altar ( derecha)
Nos pusimos a la fila y conforme me acercaba pude observar que existen dos guardias cuidando el ingreso, entre y era una sola habitación pequeña, las paredes tenían muchas fotografías de personas, nunca había visto tantas fotografías, y pasé junto al niño Jesús que estaba en una vitrina de vidrio, no me pude fijar en los detalles pues había poca luz y la gente apresuraba mi caminar. Salimos y nos dirigimos a la parte de construcción nueva, allí, en una habitación se encontraba la gente poniendo las velas en mesas metálicas, la fé de estas personas en el niño de Isinche.
Fotos tomadas de internet, fotografías en la pared, placas y el niño
Buscamos lugares para esperar la misa, no me había percatado que desde que entramos al recinto, un joven tipo monaguillo, leía los nombres anotados en una hoja de cuaderno, muchos nombres, muchos pedidos, muchos agradecimientos, y la señora que estaba cerca del joven, anotaba y anotaba en su cuaderno lo que le indicaban mientras recibía el pago de alguna persona que quería ser nombrado en la misa.
ya el altar aparecía lleno de niños de Isinche
El lugar se llenó casi al 70% de su capacidad, no soy bueno para calcular pero estimo al menos unos mil personas allí, empezó la misa y entre villancicos, alguna gente atenta a las palabras del sacerdote, otra tanta en la fila para ver al niño Jesús, gente llegaba y la garúa empezó a caer, la gente lejos de irse, se acomodó y continuó con la misa, yo estuve un poco más y me fui a la entrada a pararme cerca de un árbol frondoso y grande en donde estaba una imagen grande del niño de Isinche, el santuario y un caballito de madera de una pareja, señor y señora, que tomaban fotos por un dólar.
recinto y la gente, en su mayoría indígenas
Me asombré de ver que el negocio iba viento en popa, los niños subían, se ponían el sombrero y la foto, imprimían la foto y su recuerdo del niño de Isinche.
Antes de terminar la misa, salí del recinto adelantándome al parqueadero y preparar la furgoneta, había de todo en las ventas, desde comida, pasando por licores preparados y ropa, sombreros del niño y réplicas del niño original adornaban las calles de acceso.
Las velas guardan en su interior pedidos fervientes de los feligreses
Luego de la comer hornado (cerdo hornado) en Pujilí iniciamos el viaje al Quilotoa. Una pequeña parada en el cañón
Fotos en el cañón camino al Quilotoa
Llegamos al Quilotoa, luego de cancelar los $2 por persona en la entrada y de ubicar el hotel donde nos hospedaríamos, salí a hacer un reconocimiento del lugar lo cual no ayudó mucho pues hacía un frío que calaba los huesos y la neblina no permitía ver mas allá de unos 20 metros.
Decidí buscar un lugar donde vendan canelazos, bebida preparada con trago, para calentarme, y lo encontré en la última casa a la izquierda del mirador de la laguna. Me tomé dos para calentarme.
Ya en la noche, luego de la cena, jugamos 40 con los naipes, me conecté un rato al internet con la laptop por asuntos de la oficina y me acosté a dormir.
No me quejo, dormi abrigado a pesar de que mis compañeros del segundo piso se quejaron de que hizo frío.
Al día siguiente me levanté temprano, íbamos a bajar a la laguna a las 06:00 sin embargo al final desecharon la idea e iban a bajar luego del desayuno.
Por mi parte me preparé tal cual tenía planeado y salí al mirador, hacía frío pero estaba despejado, y en medio de la oscuridad se divisaba ya la laguna, y conforme amanecía se pudo observar completo el paisaje, incluso una montaña nevada que erróneamente pensé era el Chimborazo, pero viéndoles bien eran los Ilinizas.
El amanecer desde el mirador del Quilotoa
Fui caminando por el sendero que rodea el cráter, hacia la izquierda, un sendero normal sin exigentes subidas, con vistas tanto hacia la laguna como hacia la parte de atrás, la vía a Sigchos.
La vista desde el sendero que rodea el cráter
Pude observar un búho en pleno vuelo y posarse en un árbol de pino, me observaba atento con sus dos ojazos juzgadores.
Llegué hasta una especie de arenal, en donde se unía otro camino, el camino que viene de Chugchilán en un trekking que toma 5 horas desde el Quilotoa.
Lugar en donde inicia el trekking a Chugchilán
hermoso el Quilotoa
Luego las fotos retorné al hotel, desayuno, y posterior bajada a la laguna.
Uno de los accesos para bajar a la laguna
Recorrimos el sendero que lleva a las burbujas, el Quilotoa es un volcán que puede activarse en cualquier momento.
fotos plenas en este rincón mágico
La playa totalmente equipada con muelle, baños, botes
Caminando por el senderito hacia los estribos de la laguna
Iniciando el ascenso
Hasta pronto "Diente de Toa"
Excelente viaje y lindo volver a visitar este lugar mágico.


