miércoles, 6 de febrero de 2019

las 100 cumbres



Había llegado a una nueva cumbre, ya era la décima en solitario, la décima desde que ella se marchó.

Como cual destino en donde ya todo está dicho se cruzaron sus caminos, allí en aquella cumbre helada, gélida, ventosa, allí se abrigaron por primera vez, se fundieron en un abrazo de cumbre e iniciaron una historia que pocas veces se ha escrito.

Luego de aquella primera vez en las alturas, iniciaron lo que muchos dirían, una amistad, pero diablos! que buena pareja hacían ese par, ella era tan ....y el era tan.... también, eso no era amistad, eso era una apuesta segura, y vaya que así lo fue.

Disparejos en sus profesiones, pero absolutamente compatibles en sus pasiones, entrenaban juntos y empezaron a planificar sus escaladas juntos, cumbre tras cumbre, viaje tras viaje afianzaban su pertenencia, inmortalizaban sus almas en una sola.

Eso había durado como un quinquenio, y cual víbora envidiosa, siniestra la muerte aguardó expectante entre las sombras para, al menor descuido, clavar la estocada y apartarlos, tanta felicidad no puede ser posible, la muerte es celosa ella, y ni Dios ni la suerte pueden ante ella.

Me llevo su alma, te la quito y la aparto de tu lado, pero no has sido malo, la montaña los unió, y la montaña los volverá a unir, tendrás que subir tu solo a cien montañas, en cada una de ellas colocarás su fotografía y derramarás al menos una lágrima por ella, si así lo haces, en la montaña cien, la última, podrás volver a verla, hablarle, sentirla.....la cien será la montaña más alta de este mundo.

Aquel sueño no pudo ser mas real que todos sus anhelos, y todas sus noches sin fin, sin consuelo. Y así empezó aquella odisea, 100 cumbres en dos años, algo épico y descabellado para todos, para todos menos para su alma destrozada que buscaba consuelo y volver a verla a ella.

Allí en las faldas de aquel imponente y majestuoso macizo, con el frío atroz pero con el alma encendida miraba desafiante la cumbre, y lleno de fe en poder encontrar en aquella cumbre a su amada, el Everest lo esperaba ansioso.

Y lo recibió con todo lo que pudo, tormentas eléctricas, ventiscas de nieve, frío extremo, pero su espíritu permaneció indómito, los metros aumentaban, el oxígeno disminuía, y a mayor altura la inclemencia del tiempo recayó sobre el, perdía la batalla.

Al verlo agonizante, El se estremeció, aquel luchaba contra su propia vida por ella y eso lo conmovió, y así le disipó todo, las nubes se apartaron y el clima amainó. 

Se abrió paso a la cumbre, y cerca de llegar escuchó una voz, un susurro parecido al viento, era ella que lo llamaba. Aquel sonido en aquel silencio estruendoso le dio las últimas fuerzas para hacer la cumbre, colocó aquella fotografía con sus manos temblorosas y allí fue cuando la vio a ella, lo había conseguido, y lloró de la felicidad, y con la primera lágrima su corazón empezó a latir a toda prisa hasta que se detuvo......... 


Justo en ese momento, el sol y la luna se fundieron en un eclipse, una unión que solo podía significar una cosa, que el y ella al fin volvieron a estar juntos, juntos mas allá de la muerte, juntos hasta la eternidad.

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