jueves, 16 de octubre de 2014

Amor filial


Había escuchado la noticia en la televisión, en el programa matutino de noticias y me llamó la atención aquella historia; dicen que el hombre aquel estaba afectado psicológicamente para hacer lo que hizo.

Yo como estudiante de comunicación social anhelaba ser periodista de crónica de algún periódico de la ciudad y leyendo esta noticia, algo en mí, llámese intuición quizá, me decía que sería una buena historia para contar.  


Empecé entendiendo la noticia que expongo a continuación:

"Un hombre de 29 años de edad fue detenido la noche de ayer por causar un accidente de tránsito al colocar grandes piedras y escombros en la vía en plena curva en la bajada al puente de Guajaló de la autopista Simón Bolívar. Se dice que a varios metros de las piedras se encontraba un perro moribundo que minutos antes había sido atropellado por un vehículo.
El accidente produjo el choque de al menos una decena de vehículos. Por suerte no hubo muertos pero si varios heridos de golpes y cuantiosas pérdidas materiales.
El hombre fue llevado a la Unidad de Investigación de la Policía para investigar los hechos, los exámenes médicos preliminares indican un leve estado de crisis emocional", o como dirían, estaba medio loco.



Partiendo de lo detallado en la noticia, empiezo a buscar información relevante, en primer lugar conseguí el nombre de aquel individuo, Jacinto García, hombre de 29 años de edad, curiosamente no es un hombre cualquiera sin educación pues encuentro que es de profesión licenciado en lenguas.

Para conocer más acerca del personaje principal de mi historia, fui al barrio donde vivía, no fue difícil dar con su casa, era una vivienda de dos pisos, típica vivienda de una familia de clase media, de buen aspecto, nada fuera de lo normal.

Hasta ese momento no entendía el motivo que llevó a este hombre a hacer lo que hizo por "proteger" a aquel perro que estaba ya moribundo, osea solo era un animal por el cual ya no se podía hacer nada, creo que en verdad estaba loco....



....o al menos así lo creía hasta que conversé con los vecinos y amigos de la familia de aquel hombre; y luego de indagar y verificar todo lo indicado por el vecindario me quedé con una sensación de tristeza, nostalgia y culpa, si, culpa; culpa por haber juzgado a aquel hombre sin conocer su historia, esa historia que la relato a continuación......mi primera crónica.




Jacinto tenía 24 años cuando estaba estudiando en la universidad, como la mayoría de los jóvenes universitarios él vivía su vida entre estudios, farras y regularmente bebía desde jueves hasta el domingo. 

Llegó al punto de consumir drogas y fue desde ese momento en que empezó a faltar a sus clases, a "vivir" la vida loca, llegó incluso a insultar a su madre, a agredir a su padre. 

Pasaron tres meses desde que dejó de ir a estudiar, que hasta se dedico a robar para conseguir dinero para sus drogas, los golpes más duros los recibieron sus padres, no los físicos tanto como los psicológicos al ver a su hijo perder el rumbo.

Una mañana, su madre compró un cachorrito de menos de un mes, a la vecina de la tienda de la esquina, junto con su padre llegaron a la casa y se lo ofrecieron a Jacinto con las siguientes palabras:

- Hijo, cuando llegaste a este mundo eras tan pequeño y tan frágil como este cachorrito, y desde ese momento fuiste la luz que alegraba nuestros días, y te protegimos con todo nuestro amor incondicional y te amamos y aún hoy te seguimos amando, y lo haremos hasta que nuestras vidas se extingan. 
Queremos que cuides a este cachorrito, ahora el depende totalmente de ti y su vida depende de ti; queremos que entiendas ese amor que sentimos por ti, que es algo indescriptible, incondicional y para siempre.




Obviamente Jacinto los tildó de locos a sus padres, se rió y se rehusó a hacerse cargo del animal y siguió su vida igual con sus vicios.




Luego de dos semanas, mientras estaba en la esquina de siempre, fumando lo de siempre, llegó una vecina a darle la peor noticia que le habían dado en toda su vida. No pudo ocultar el llanto y sus lágrimas demostraban todo el dolor que sintió de un solo golpe, le dolía y su droga parecía no aplacar aquel dolor, se sentía solo, se sentía nada.


Luego de sepultar a sus padres, con un vacío enorme y el dolor y la tristeza sobre sus hombros, caminó sin rumbo por las calles, pensando en tantos recuerdos de sus padres, lloraba. Se dió cuenta que siempre le dieron felicidad, que muchas veces hacían todo por él incluso a costa de sus carencias y recordó como pagó aquel amor, como fue apagando la felicidad de sus padres con el camino que tomó...se sentía la peor persona del mundo.

Al llegar a casa se tiró en el sillón y empezó a llorar, a llorar sin consuelo. De pronto escuchó unos aullidos y ladridos en el patio, rasgaba la puerta y se impacientaba por entrar.

Luego de unos minutos abrió la puerta, el cachorro se abalanzó hacia él, movía su cola, parecía feliz de verlo, el no comprendía la razón de que esté feliz de verlo, él aborrecía al cachorro, nunca le prestó atención, nunca lo cuidó, nunca lo alimentó.....y entonces comprendió que ese cachorro era como sus padres, que a pesar de que los trató mal ellos nunca dejaron de quererlo, de protegerlo y que aún hoy desde algún lugar estarían pendientes de él, comprendió lo que es el amor incondicional, el amor filial.

Desde aquel momento aquel cachorro fue su única familia, el recuerdo de sus padres, el recuerdo del amor de sus padres, y desde aquel momento lo cuidó, la amó y lo trató con todo el cariño del mundo, se volvió su amigo fiel, el que estaba siempre para él, quien estaba en sus alegrías y tristezas.

Luego de poco tiempo retomó sus estudios, dejó las drogas, se graduó y consiguió un buen empleo.

Un día tuvo turno y regresaba tarde del trabajo a eso de las 10PM, llegó a su casa y no tuvo el recibimiento de todos los días, su amigo no estaba en casa, salió a buscarlo y llegó hasta la avenida, entre las sombras y luces de los autos que pasaban distinguió una sombra en la calzada.......corrió sin ver si venían autos, y empezó a llorar al ver a su gran y único amigo agonizando.

Recordó cuantos perros solía ver en la avenida que morían golpeados por los autos que circulaban a gran velocidad y recordó como solían quedar pisoteados y desaparecían en la calzada como cualquier basura y la tristeza que esto le causaba.

No quiso ese final para su gran y único amigo, empezó a colocar piedras y escombros a unos 10 metros del animal para que los autos no le hagan mas daño, se arrodilló junto a él, lo abrazó y entre lágrimas se despidió..... 


-hasta pronto mi amigo, hasta pronto mamita, hasta pronto papito.....
Fragmento del poema "un perro ha muerto" de Pablo Neruda

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